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En Estados Unidos el temá de saber de donde procede uno puede llegar a ser vital. Han cobrado gran fama los servicios que te garantizan descubrir un poco más sobre tus antepasados a partir de tu material genético. La obsesión por nuestro origen ha ayudado a aflorar una línea de negocios muy fructífera y crecidita.

En todo ese “árbol genealógico familiar” sería interesante descubrir que tienes un familiar lejano que es judío o que vive a miles de kilómetros de donde te encuentras. Si realizas estos análisis de ADN y metes el resultado en una base de datos online puede ser que descubras que tienes fenotipos comunes con otras personas muy dispares.

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Autor: Curiosidad.org.




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AUTOR: Matías Padilla
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El cero apareció por primera vez en Babilonia, como puede comprobarse en las tablillas de arcilla que se remontan al año 2000 a. C. En el Antiguo Egipto se usó el signo nfr para indicar el cero (Papiro Boulaq 18, datado ca. de 1700 a. C.)

Los babilonios escribían en arcilla sin cocer, sobre superficies planas o tablillas. Su notación era cuneiforme. En tablillas datadas en el año 1700 a. C. se ven anotaciones numéricas en su particular forma; este sistema no se parecía al actual de base 10, pues los babilonios utilizaban un sistema en base 60 y con esa notación no era posible diferenciar el número 23 del 203 o el 2003. Alrededor del 400 a. C., los babilonios iniciaron a poner símbolos de dos cuñas en los lugares dónde en nuestro sistema escribiríamos un cero, que en realidad se leía 2”3 (dos, varios, tres). Esta ambigüedad no pareció preocupar a los babilonios.

Las dos cuñas no fueron la única forma de exhibir las posiciones de vacío o cero, en una tablilla encontrada en Kish, antigua ciudad de Mesopotamia al este de Babilonia, se lee una notación de tres ganchos. Estas tablas están datadas en el 700 a. C. En otras tablillas se usa un solo gancho y, en algunos casos, la deformación de éste se asemeja un cero tal como lo conocemos hoy.

El cero, tal y como lo conocemos nosotros, surgió en Mesoamérica y fue hacedo por las civilizaciones mesoamericanas antes de la era cristiana, por la Civilización Maya y, probablemente, fue utilizado antes por la Civilización Olmeca. El primer uso documentado mostrando el número cero corresponde al año 36 a. C., haciendo uso de la numeración Maya.

Claudio Ptolomeo en el “Almagesto”, escrito en 130 d. C., ya usaba el valor de “vacío” o “0″ en conjunción del sistema babilónico. Ptolomeo solía utilizar el símbolo entre dígitos o al final del número. Podríamos concluir equivocadamente que el cero habría arraigado sus raíces así pues, pero lo cierto es que Ptolomeo no usaba el símbolo como número más bien que lo consideraba un signo de puntuación. Este uso no fue extendido y pocos se sumaron a él para desvanecerse en la Historia.

Algunos siglos después el cero apareció además en la India, bajo el Imperio Gupta. Alrededor del año 650 el cero ingresa a la Matemática india. El cero se usaba por los indios para denotar un lugar vacío. Algunas evidencias dan cuenta de un parámetro de lugar vacío en números posicionales desde el 200 en India, pero varios historiadores rechazan esta teoría tratándolas como falsificaciones.

En el 500, Aryabhata, hace un sistema numérico que no tenía cero y era un simple sistema posicional. Se usó la palabra “kha” para la posición cero y posteriormente el mismo cero adoptaría ese nombre. En ocasiones se usaba un punto en los primeros manuscritos indios para exhibir un espacio vacío en la notación posicional. SEGUIR LEYENDO ….




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AUTOR: Matías Padilla
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Las heladas negras son un fenómeno que se produce en invierno cuando llega una masa de aire muy fria y muy seca. Se desecandena una caída fuerte y prolongada de las temperaturas y en este proceso participar el vapor de agua. No se genera, entonces, una condensación en forma de cristales de hielo (helada blanca). Al contrario, se congelan directamente la savia y los tejidos de la planta.

Se dice entonces que el frio “quema” las hojas y frutos que adquieren una tonalidad de color oscuro casi negro. De ahí que su nombre sea también “helada dura” por los efectos que llega a producir.

La causa última se debe a la llegada de una masa de aire muy frio desde latitudes polares y árticas a territorios más cálidos. Para combatirlas, se han utilizado las estufas, quema de balas de paja o neumáticos, molinos de viento antiheladas, cobertizos de plástico y riego con aspersores para evitar la condensación del vapor de agua. Lo más eficaz es el barbecho estacional en tales épocas.

Fuente: Curiosidad.org.




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AUTOR: Matías Padilla
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